La historia es tan larga como mundana. Casi aburrida y sin
sentido. Lo cierto es que pasé años comparando e investigando, para terminar
enamorada de la de $35 que vendían en la ferretería del barrio.
Y en este simbólico acto de retomar las entradas desde mi
nueva y sacudida vida cotidiana, Ella, La Mandolina.
